LA PREGUNTA DE SUS OJOS, de Eduardo Sacheri

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Por Malena Olivera


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¿LA PREGUNTA O EL SECRETO DE SUS OJOS?

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Vamos al grano

Supongo que muchos de los estarán leyendo en este momento, se habrán sentido intrigados de saber cómo es el libro de una película que vieron, y que seguramente en la mayoría de los casos (entre los cuales me incluyo) disfrutaron mucho. Muchos habrán llegado hasta aquí con la intuición de que corroborarían, una vez más, que el libro es mucho mejor que la película. Estarán ansiosos, como yo lo estaba, para conocer el veredicto, así que aquí va: la película es mejor que el libro. Lamento desilusionarnos, pero al menos debo compartir con alguien esa misma desolación que transité yo.

La historia es casi la misma: un ex empleado judicial retirado decide escribir una novela basada en un crimen de hace más de 20 años. Al igual que en la película, la narración se produce en dos planos: por un lado, la historia de nuestro narrador, Benjamin Chaparro, y la historia que este escritor incipiente pretende contarnos: la historia de Ricardo Morales y el asesinato de su esposa Liliana Colotto.

Por lo tanto, tenemos desde el comienzo dos narradores, que lamentablemente, se parecen demasiado. Ambos comparten un gusto por la escritura sencilla y casi coloquial, lo que crea un ambiente de bastante familiaridad, y deja lugar a la mayor parte de la novela esté basada en la acción o en el diálogo.

Es una novela sumamente dinámica, lo que permite percibir muy rápidamente porque se convirtió en una película. Hasta allí en realidad no hay nada que objetar. No hay nada en ella que permita pensar que su autor quiso deslumbrarnos con su maestría de la escritura, sino que quiso contarnos una historia, o dos, y así lo hizo. Y eso, en estos tiempos que corren, ya es bastante.


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El problema de la historia

Aquí es donde precisamente se halla una cierta desilusión. Yo conocía la historia de antemano, y fue precisamente ella quien me llevó al libro, y allí me encontré con que en lugar de estar ampliada y mejorada, la historia perdía su peso, porque hay diferentes sustanciales entre una y la otra.

Por poner un simple ejemplo, tenemos la historia del mejor amigo de nuestro protagonista, Pablo Sandoval. La forma en que muere este personaje es central en la película, de hecho, es una de las escenas más conmovedoras. En el libro esto simplemente no sucede. Sandoval muere producto de una enfermedad mientras su amigo se encuentra exiliado en Jujuy. Allí va entonces nuestra primera desilusión.

Por otro lado, el final, ese final que tanta gente promovió y halagó (que debo reconocer igualmente que al ver la película no fue tan impactante) también es diferente. Si bien mantiene la idea siniestra que basa ambas escenas (no voy a develarlo por solidaridad con futuros lectores y/o espectadores), en comparación nuevamente, es mejor la película.

Siguiendo los ánimos de paralelismo, debo destacar una escena que es mucho mejor lograda en el libro que en el film. En la búsqueda incesante del sospechoso del asesinato, la película transmite una situación verdaderamente inverosímil. El acusado es encontrado en medio de una multitud en un estadio de fútbol. Demasiado fílmico, demasiado inverosímil. El libro, en cambio, construye una situación de captura en un mundo bastante más creíble. Si bien en el film, es un momento de mucha adrenalina, también debe reconocerse que es muy difícil creer en ella. El libro, sin embargo, modela una resolución que parece mucho más factible de considerar.

En este mismo sentido, debería también mencionar que la historia de la última dictadura militar que opera de marco para toda la narración, está mucho más sólidamente construida en el relato escrito. Allí se dan mayores detalles sobre la causa de la excarcelación del asesino, la cual será decisiva para la historia. Nuevamente, la novela gana en verosimilitud.

Algunos objetarán que la literatura no debe verosímil, que eso no la hace más o mejor literatura. Para aquellas impacientes voces, rebosantes de vanguardias un poco gastadas (por no decir, inexistentes) planto bandera de antemano: la literatura, incluso el cine, deben, para ser bueno, ser verosímil. Y desde allí hago mi lectura.

La novela gana entonces en verosimilitud, y en este sentido, es mejor que la historia fílmica. El problema es que aún así, la historia que nos narra la película es superior a la que nos hace transitar el libro: es más sólida, está mejor direccionada, y de alguna manera, es más conmovedora.

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La historia en sí

Una amiga me preguntó si no hubiera visto la película, consideraría que es una buena novela o no. Y la respuesta es clara: considero que es una buena novela. Las razones simples: me gustó leerla. Hay una historia, bastante original, bien contada. Ahora bien, ¿es excelente? No lo sé, en principio, diría que no. Las razones: no ha producido en mi una movilización o emoción tal que merezca esa consideración. Simplemente eso. Sin más, allí está el arte entreteniendo, conmoviendo, y en el mejor de los casos, ambos.


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- Sacheri, Eduardo, La pregunta de sus ojos, Buenos Aires, Alfaguara, 2009.


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Eduardo Sacheri
nació en Buenos Aires en 1967. Es profesor y licenciado en Historia, y ejerce la docencia universitaria y secundaria. Comenzó a escribir cuentos a mediados de la década del noventa. Publicó los relatos de Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol -editado en España como Los traidores y otros cuentos- (2000), Te conozco, Mendizábal y otros cuentos (2001), Lo raro empezó después, cuentos de fútbol y otros relatos (2004), Un viejo que se pone de pie, y otros cuentos (2007), y las novelas La pregunta de sus ojos (publicada originalmente en 2005) y Aráoz y la verdad (Alfaguara, 2008). Algunas de sus narraciones han sido publicadas en medios gráficos de Argentina, Colombia y España, e incluidos por el Ministerio de Educación de la Nación en sus campañas de estímulo de la lectura.

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2 comentarios:

  1. Quizás por respeto a Sacheri, un escritor correcto, deberíamos exigir que una crítica hacia una obra suya sea escrita en un castellano, al menos, correcto. ¿Verdad?

    Saludos
    Juan

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  2. Llamar a un escritor "correcto" ya es suficiente falta de respeto

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