ENTREVISTA A PABLO PÉREZ

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Pablo Pérez es escritor y traductor de francés. Publicó las novelas El mendigo chupapijas y Un año sin amor, además de la adaptación cinematográfica de esta última, dirigida por Anahí Berneri (BD cine) y ganadora del premio Teddy del Festival Internacional de Cine de Berlín, el premio a Mejor Película Extranjera en el prestigioso Outfest-the Los Angeles Gay and Lesbian Film Festival y el premio de la FIPRESCI en Mar del Plata. Trabajó como asesor literario para la editorial EMECÉ, dicta cursos en el Centro Cultural Ricardo Rojas desde el año 2001 y escribe colaboraciones para el diario Página 12.

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Deborah Behar para Sudor de tinta


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DEBORAH BEHAR: ¿A qué edad escribiste el diario?

PABLO PÉREZ: A los 30.

DB: Bueno, primero la pregunta por el género... ¿por qué un diario Pablo?

PP: Pensé el diario... es un diario tramposo ¿no? Porque empezó con la idea de ser una novela. Una cosa es escribir un diario y que después lo publiquen y otra cosa es escribir un diario que desde el vamos está pensado para ser publicado.

La idea del diario era hacer un registro antropológico se podría decir, del día a día, de una persona viviendo con la conflictiva del Sida, con la búsqueda de contactos a través de las revistas o las salidas. Hay un registro lo más real posible. No sé, aparece un marciano en el 3000 y lo ve y bueno... había una persona que vivía de esta manera. Me gusta mucho descubrir la vida privada cuando leo...

DB: O sea que es un género que te gusta como lector...

PP: Claro, y aparte permite una escritura más sencilla, de cada día, no tenés que construir una historia, la idea era que se pareciera a la vida lo más posible, ese era el plan de la novela. Que tuviera esa frescura del día a día y además que terminara el 31 de diciembre de ese año y cuando lo empecé a escribir lo que quería era que quedaran registros, por un lado de una línea médica, del tratamiento médico; por otro lado, un registro de la sexualidad. Después un registro que tiene más que ver con las terapias alternativas y con un lado místico. Entonces con esos tres registros...

DB: Además, perdoname, fue escrita en un momento bastante clave del desarrollo posterior del tema de la medicación...

PP: Bueno yo no me imaginaba que en la mitad de la novela iban a aparecer las triterapias, como que fue un elemento que le aportó mucho al libro que en el medio surgiera una mejoría en los tratamientos.

Está el discurso de las terapias alternativas que tiene que ver con la alimentación, con la fitoterapia, están las flores de Bach, la homeopatía; me parecía un cóctel interesante, sobre todo el tema del Sida contado desde la sexualidad. Por eso a veces, mucha gente que tiene Sida anula su sexualidad y eso me parecía lo más... vivir una sexualidad libre, con los cuidados, ¿no? Pero con libertad, a pesar de tener una enfermedad como el Sida, me parecía que no estaba contado.

DB: En relación con esto, si vos tuvieras que elegir no sé si una tradición o un canon, pero una serie de escritores de quienes te pondrías cerca, ¿cuáles elegirías?

PP: No sé, pensaba en cosas muy diversas y no tengo ningún referente del género diario, pero yo me formé con Susana Silvestre que venía de una escuela realista, entonces quería plasmar el realismo a mi manera en la novela. En el taller, por ejemplo, nos recomendaba la lectura de Émile Zola que es el creador del naturalismo y el mecanismo del naturalismo es el documento como partida y a partir del documento la ficción. Entonces bueno, yo me tomé a mí mismo como documento. Y después, cosas más modernas... también yo estoy muy influido por el cine, me gusta todo el cine. Cuando vivía en París conocí a un cineasta que se llama Lionel Soukaz. Él trabajaba mucho con el sexo explícito en el cine pero no eran películas porno. Entonces él tenía el problema de que la censura se la clasificaba X que es la clasificación para las películas porno. Un montón de intelectuales de la época, no sé, Foucault, Barthes, lo apoyaron y escribieron una carta para que se quitaran de la categoría X a sus películas. Descubrir eso, que uno podía hacer arte sin censurar ciertos temas que tienen que ver con el sexo explícito...

DB: Bueno es un poco lo que pasa con la película basada en el libro ¿no? El tema de la sexualidad está tratado de una manera... hasta elegante...

PP: En la película no hay sexo explícito, bueno ¿qué clasifica X? En París, en la época en que yo conocí a Lionel, o la historieta también, tengo un amigo que se llama José Cuneo que hace historietas, lo que clasifica X (o sea que algo sea porno): si hay erección, esa es la división...

Cuál es el límite entre lo que se puede contar y no, publicar y no, y que no sea una novela pornográfica o que no sea una película porno que va a las salas de cine porno, entonces ese límite me interesaba.

DB: ¿Qué más escribiste además del diario?

PP: Bueno El mendigo chupapijas[1], que ahí ya es como el experimento mayor porque el sexo explícito aparece en la tapa, también era un experimento en ese sentido, porque hay muchos libros donde se habla de la sexualidad y se menciona el sexo... qué se yo, Henry Miller o Bukowski, en realidad hay bastantes contenidos en común con Un año sin amor, salvo que en El mendigo... yo decidí no hablar de Sida, sacar ese tema que había quedado abordado en Un año sin amor. Pero en realidad la novela era un pretexto para un título escandaloso... (risas)

DB: Claro, el título lo tenías desde el principio y la novela vino después...

PP: Claro, en cambio Un año sin amor lo pensé después al título, pero esto es como que partió del título, a partir de un personaje...

Salió como un folletín, yo por el título pensaba que quedaba fuera del sistema de las críticas, en realidad El Mendigo... empezó siendo una hojita impresa en la computadora... doblada en tres metida en un sobre, que yo repartía en las presentaciones de libros de mis amigos o en inauguraciones de pintura y a partir de ahí se lo di a una amiga -que es Fernanda Laguna- que es otra escritora, bueno publica como Dalia Rosetti, hizo la galería Belleza y Felicidad y ella me dijo “bueno esto tenemos que publicarlo”. Y lo que hizo fue como un pasito más, en vez de la hojita doblada, eran fotocopias cosidas a máquina, muy lindo con una ilustración en la tapa y ahí empezó a salir como folletín...

DB: ¿Salía por entregas entonces?

PP: Sí, siempre muy under...

DB: ¿En qué circuito? En estas presentaciones...

PP: Presentaciones de libros, otro tipo de eventos literarios, inauguraciones de amigos artistas plásticos...

DB: Pero después se llegó a la publicación del libro...

PP: Claro, yo pensaba que quedaba afuera, digo bueno, con este título nadie lo va a mencionar, pero se armó una bola de nieve, porque Daniel Link que estaba en el Suplemento Radar Libros -yo ya había empezado a acercarme para escribir algunas colaboraciones de reseñas literarias- me dice: “me dijeron que estás publicando un folletín” “sí, pero es una cosa impresentable” (risas) “ah no no no, yo lo quiero leer” bueno, entonces lo leyó y sacó una pastillita en el Suplemento de Radar Libros y a partir de ahí no lo pude parar, porque me llamaron de otra Revista literaria que era Gargantúa y otras revistas de crítica. Aparte por un lado, estaba Fernanda Laguna que me decía “sacá otra entrega”, yo soy medio vago para escribir, entonces escribía como a presión, hasta que bueno ya casi por cansancio la terminé en el folletín número cinco y hay un editor que es quien lo editó, que antes de ser editor decía “cuando sea editor yo quiero editar El Mendigo...”, yo no lo conocía, de pronto hubo un llamado telefónico de Washington Cucurto que es un poco el que lo ayudó y llama Cucurto, me dice “mirá hay un editor que quiere editar El Mendigo..., que paga...” (risas) así que ahí salió en forma de libro. Fue después de la película, en realidad antes salió en una antología que hizo Belleza y Felicidad. Cuando salió el primer folletín todavía no estaba armada Belleza y Felicidad entonces salió como una edición que armó Fernanda Laguna, pero al poco tiempo Fernanda armó la galería entonces empezaron a salir con el sello Belleza y Felicidad y después siguieron con esto de publicar fotocopias, empezaron a publicar más títulos y muchos de temática gay. Entonces hubo un concurso para subsidios a escritores de la Secretaría de Cultura de la Nación y en Belleza y Felicidad presentaron una antología de todos los libritos de temática gay que habían sacado. Y ahí no salió todo, salieron fragmentos, salió Gabriela Bejerman, salieron todas con seudónimos, Cecilia Pavón... las tres se pusieron nombres de flores, era Dalia Rosetti, Margarita Bomero y Lirio Violetsky y después creo que un texto de Esteban García que es un poeta... que también publicó con un seudónimo... bueno y salió esa antología, se hicieron 500 ejemplares. Esa es la antología que leyó Anahí Berneri y ella no quería hacer Un año sin amor, quería hacer El mendigo...

DB: ¿Y cómo terminó haciendo Un año sin amor?

PP: Porque quería hacer El Mendigo... pero sin el personaje del mendigo, quería como una película de correrías sexuales, o de encuentros de contactos, como algo del mundo gay...

DB: Y la película está mucho más orientada a focalizar en las historias sexuales del personaje que al tema del Sida...

PP: Claro, ella quería hacer El Mendigo... pero sin el mendigo, entonces le digo mirá yo publiqué una novela antes que es Un año sin amor si querés leela y si te gusta podemos hacerla basada en esa novela. Ella ni se imaginaba que iba a terminar haciendo una película con un tema del Sida, fue muy impactante para ella como primera película y bueno quedaron algunas cosas que estaban en El Mendigo..., porque en realidad El Mendigo... es un poco la continuación, transformada en otro género, ya no es diario aunque hay como fragmentos de diario pero está pensada en capítulos en primera persona, capítulos en tercera persona. En realidad cada entrega era distinta, yo pensaba en cada entrega como una cosa separada, cada una como una cosa diferente, por ejemplo hay una que son todos diálogos, hay otro capítulo todo escrito en primera, hay otro capítulo que está escrito todo en tercera, era como un experimento...

DB: ¿Y ahora estás escribiendo algo?

PP: Y ahora tengo tres novelas en proceso desde hace muchos años. Una cuando yo estuve de viaje en París, antes de Un año sin amor, porque comienza hablando de la muerte de la hermana –yo hablo de Pablo Pérez en tercera persona por una cuestión de salud (risas), como “el Pablo Pérez de la novela”- que habla de la muerte de su hermana y de su regreso de París y de todos los amigos que se habían muerto. Yo regresé de París por la muerte de mi hermana. Y hay unas cartas que yo le mandaba a un amigo y le pedía que me las guardara porque eran al mismo tiempo cartas para él y mi diario de viajes. Era una época en que no había Internet, yo no tenía computadora, escribía las cartas a mano... entonces le dije: “te mando esto que va a ser mi libro de viajes, así que no las tires” y bueno las guardó, entonces las voy tipeando de a poco. Y sería lo anterior a Un año sin amor. Desde la llegada a París, cuando me diagnosticaron el HIV allá, hasta la muerte de mi hermana que es lo que pone un punto abrupto en el viaje.


Y esas las voy tipeando de a poco, son un montón de páginas que escribía porque no tenía amigos allá. Después empecé a hacer amigos. Pero hubo todo un período del viaje en el que estaba muy solo y por más que uno puede hacer amigos en el viaje no tenía el nivel de complicidad y de profundidad que yo podía tener, por ejemplo, con mi amigo Nicolás. Eran cartas kilométricas porque era mi única vía de comunicación, porque aparte llamados telefónicos, llamaba una vez cada tanto... Cartas, cartas kilométricas que las iba escribiendo a varios días, en un momento me compré una resma de papel Biblia, papel de seda, para que no fueran tan pesadas porque cada envío tenía dieciséis hojas y aparte escribía con letra chiquita para que no fueran tantas. Y bueno las guardó y de a poco las voy tipeando cuando no estoy haciendo otra cosa.

DB: Y esa es la novela...

PP: Y eso, que después hay que editar. Primero estoy tipeando las cartas, que me cuesta muchísimo, sin cambiarles una coma. Me cuesta porque digo tantas estupideces (risas). O, como en el medio viví en Madrid, me hacía medio el español y me da una vergüenza... Pero dije “bueno junto aire y las tipeo como están”, que quede como documento. Entonces a partir de eso trabajar. Por ejemplo, hay anécdotas que las cuento superficialmente y que me parece que las puedo contar mejor. Esa es una novela.

Después en el 2000 empecé otra novela que fue cuando terminé El Mendigo... que se llama por ahora El hombre ideal y es como un manual que surge de anécdotas sobre distintos temas que tienen que ver con la conquista, la seducción, el amor. Ahí no hay tanto sexo explícito, sino que es más romántico, cómo abordar una persona -tiene como capitulitos-, la fidelidad, ya estoy cansado de tanto besar, cómo terminar, la importancia de la buena conversación, los amores a distancia. Tiene como temas pero todo reflejado en anécdotas y después con documentos que son cartas de amor, que yo mandaba o que me mandaban... conversaciones telefónicas de ruptura de una relación... entonces está armado así, como capitulitos, y claro, yo quería llegar a una conclusión sobre el amor (risas).
Pero bueno, todavía no encontré el final así que quedó ahí...

DB: ¿Y la tercera?

PP: Y la tercera ya es más diferente porque un poco me cansé de...

DB: Son bastante distintas igual...

PP: Sí, pero todos Pablo Pérez...

DB: Sos tu personaje preferido...

PP: Era, ya no tengo tantas cosas para contar aparte, estoy más tranquilo (risas).

Entonces empecé una novela totalmente diferente, ya en tercera persona, de un escritor, que se llama Roberto Arlt, igual que Roberto Arlt y que se da cuenta de que es escritor por la influencia que le causó en su momento saber que se llamaba igual que un escritor, pero que en realidad no es escritor y empieza a pensar a qué otra cosa se podría dedicar. Entonces se le ocurre hacerse monje, entonces empieza a pensar, lo que le pasó en la infancia respecto de la religión y va haciendo todo un desarrollo hasta que llega a la conclusión de que no. Y después piensa en ser diputado, cómo se originó su vocación por la política, y piensa no, pero es una ridiculez... piensa en robar, empieza a pensar cómo sería, a quién le robaría, dónde se metería, intenta robar, le sale mal, no le sale, entonces como que va haciendo todas pruebas de qué otra cosa terminaría haciendo ¿no? Así avanza la novela, ya se va por vías más fantasiosas.

DB: Y en relación con esto de escribir un diario que está pensado para la publicación ¿te sentías cómodo escribiendo el diario? ¿Qué te generaba saber que eso iba a ser publicado?

PP: Mucha valentía, hay un recurso en la novela que yo me lo terminaba creyendo que era el de la muerte. Porque lo que se me ocurrió como hilo de la novela y como intriga era que él tenía la sospecha de que se iba a morir a fin de año. Era un recurso literario, aunque también lo pensaba, no con tanto consentimiento, pero me ubicó en una sintonía de decir todo lo que se me diera la gana total me iba a morir e iba quedar el libro. Como una cosa de desenfado, de decir todo lo que se me pasaba por la cabeza. Y después cuando no me morí dije, bueno “¿qué hago con esto?”, lo publico, no lo publico. Después de eso hubo toda una etapa de corrección, en donde estaba tentado de tachar muchas cosas, pero digo bueno, si le tacho las partes donde yo sentía que el personaje no era tan simpático o no tan honesto o no tan dandy, de las cosas más asquerosas, si le saco todo este lado más oscuro, más políticamente incorrecto va a quedar una novela muy lavada. Lo más lindo es la contradicción ¿no? Entonces junté aire, dije con esto me mando al muere. Tenía mucho miedo cuando la publiqué, dije esto puede ser un buen libro o puede ser un acto de exhibicionismo gratuito y me hundo (risas).

Y resultó que a la gente le gustó y que gracias a eso conseguí trabajo, digamos que tuvo buena repercusión. Yo estaba muerto de miedo porque digo bueno van a pensar este es un exhibicionista... y en el momento de escribirlo me salió muy espontáneo. Como que tenía la compulsión de escribir, que ahora no tengo. Ya no tengo compulsión de escribir, ahora para escribir me tengo que sentar, pero no sale tan fácil como salió ese libro donde estaba con un montón de cosas que decir. Con menos escrúpulos también, desde el punto de vista literario.

Por el hecho de dar clases tuve que formarme más, porque yo siempre fui poco lector, pero cuando conseguí el trabajo de dar clases o de trabajar como asesor en una Editorial, entonces eso me obligaba a leer. Yo tenía más inspiración, tenía lecturas -no es que no leía nada-, muy cinéfilo, me inspiraba más del cine que de la literatura. Entonces empecé a leer más y ahí me di cuenta de que no escribo bien (risas), que me gustaría escribir mejor, entonces me pongo más escrupuloso. Es como más forzado, pienso que no debería ser así pero bueno, estoy en el baile de ser escritor y al estar dando clases digo con qué derecho yo le voy a decir a un alumno: “mirá este final no está bien ponélo así” si yo no muestro nada. Como yo no me recibí de Licenciado en Letras ni nada, a mí me legitima la escritura en el lugar en donde estoy como docente. Si dejo de escribir... todos me dicen no, pero eso no tiene nada que ver, pero yo en ese sentido soy muy exigente conmigo mismo, entonces me cuesta más escribir. Ahora empecé a escribir crónicas en el Suplemento Soy en Página 12 entonces eso me obliga a tener otra relación con la escritura, a escribir más rápido, a no pensarlo tanto, una crónica por año no... (risas). Es como un nuevo entrenamiento que tengo, el hecho de la inmediatez y todo eso. También me cuesta y me dicen “bueno esperemos que ahora publiques más y que ves que yo te publico y que te edito y que dignifico”, entonces me tienen ahí porque realmente me cuesta escribir rápido.

DB: Vos participaste en el guión de la película homónima. ¿Cómo estuvo esa experiencia de guionista? ¿Te gustó?

PP: Y difícil. Difícil porque yo veía que en muchas partes del guión la directora tenía como una necesidad de apropiarse de la historia para poder hacer la película. Y yo estaba muy empecinado en que se respetara el libro a rajatabla pero bueno, tenía que ceder, para mí era una buena oportunidad, aparte ahí aprendí a escribir un guión sobre la marcha porque nunca había escrito guiones antes. Entonces me decía, por ejemplo el personaje de Nicolás, mi amigo Nicolás no tiene nada que ver con el personaje de la película, pero ella necesitaba que hubiera un amigo que fuera como una alternativa cool ¿no? Ante todo el mundo denso del sadomasoquismo, como alguien más normalito.

DB: ¿Y el Pablo Pérez qué te pareció?

PP: Yo la gastaba a Anahí, el personaje Pablo tiene que estar con un vaso en una mano todo el tiempo. La película me gusta...

DB: ¿Vos tuviste decisiones más allá del guión?

PP: Tuve decisiones del rodaje de la escena leather.

DB: Ahí estuviste como extra...

PP: Como extra y como convocante y sugerí, bueno, ella no sabía bien cómo encararla. Y le dije: tiene que parecer más una fiesta que un rodaje. Porque yo había tenido la experiencia de ir a los rodajes, no me imaginaba, nunca estuve en una producción, no era una mega producción pero era un rodaje que en el lugar en donde estaban haciendo las escenas, lleno de cables y lleno de gente, mucha tensión y yo dije, si es así la fiesta... mirá se tiene que parecer más a una fiesta que a un rodaje. Que haya bebidas, que haya buen catering ¿no? Y mis amigos, de los que participaron, algunos me pedían que hubiera whisky, bueno hubo whisky... se armó una fiesta que fue una de las mejores fiestas leather, estuvo muy bueno. Esa fue la única escena en la que yo hice una sugerencia de cómo armarla. Y después, me dejaban estar en algunos rodajes y como resultado me gusta, me parece que es una buena película.

DB: El tono de la peli, en general, es diferente...

PP: Eso es algo que aprendí también ahí, que en la película el tono es el tono del director, así que necesariamente es diferente. Yo lo realicé ahí, fui conciente de eso después de ver el resultado, de que el dueño de la película es el director, el guionista es el eslabón, el primero. Es como todo un equipo, porque aparte está el tono del director, está la actuación, los actores hacen su aporte, el director de fotografía también, el que hace el vestuario... es como un Frankenstein de muchos puntos de vista (risas).
Eso me costó, me costó mucho, pero tomando distancia es una buena película.

DB: Bueno como profe estás dando un taller de cuento...

PP: Doy taller de cuento y de redacción.

DB: ¿Y desde cuándo estás como profesor?

PP: Desde 2000, 2001.

DB: ¿Y te gusta?

PP: Sí, me encanta. Hace un par de años retomé el psicoanálisis. Yo me psicoanalicé de chico y en un momento como que tuve un alta, después empecé a tener conflictos, dije bueno voy a volver, voy a otro psicólogo. Entonces tuve un lapsus buenísimo, porque yo quería decir “cuando doy clases” y en vez de decir eso dije “cuando estoy de vacaciones” (risas). Estoy de vacaciones de mí mismo (risas), y realmente el tiempo de dar clases, salvo que de pronto tengas un día o un grupo donde hay que remar... pero por lo general lo paso muy bien dando clases y se me pasa el tiempo volando. Me gusta enseñar, me gusta ser paciente y tomarme mi tiempo para explicar las cosas. Tengo una cosa de vocación, como que me gusta enseñar. Alguien me pregunta en la calle cómo llegar a tal lugar y también, me gusta explicar (risas), me tomo el tiempo y la gente me dice “chau, chau” y yo “pero esperá que te lo explico mejor” (risas).

DB: Y el estilo de las correcciones que vos hacés ¿te parece que es parecido, similar a tu escritura?

PP: Sí, es lo que yo aprendí, es un poco el estilo que aprendí, fui aumentando cosas, pero es como yo trabajaba en el taller con Susana Silvestre.

DB: ¿Si tuvieras que improvisar un decálogo de escritura?

PP: Corregir. Disfrutar de corregir. Escribir todo lo que se te pasa por la cabeza, total después podés corregir (risas). Ese es un lema que me inventé a mí: bueno, total todo se puede borrar. Entonces no inhibirse. Escribir. Después uno tiene un momento de reflexión en que puede tachar todo lo que le parece una estupidez, eso. El lema “total todo se puede borrar” me lo adjudico como de mi autoría, pero después bueno, el tema de escribir sencillo, de no pretender lucirse. Viste que uno pone muchos juegos de palabras porque quiere mostrar qué inteligente es o cuánto sabe, pero bueno eso hay que saber medirlo, pero también lo dijo Chejov, esto de que cuando uno pretende lucirse mucho se ven las manos y los pies del escritor. Entonces hay que olvidar un poco el ego, la vanidad, es un oficio muy vanidoso el de escribir a veces, yo estoy peleándome con eso todo el tiempo.

DB: Y volviendo un poco a la escritura del diario, una vez que terminaste de escribirlo ¿para vos hubo alguna diferencia, una especie de antes y después?

PP: Totalmente. Fue como una sanación. Tuvo su lado terapéutico también escribir el diario. Recordar el Pablo del diario, que tose todo el día, deprimido y ahora se me pasaron un montón de cosas, estoy de salud mejor que antes. Yo creo que sí, que es como hacer de la enfermedad algo que tiene una forma, puse mi enfermedad acá. Y sí, fue muy sanador. Y de hecho me conectó con mi vocación, con trabajos que me gustó hacer...

DB: En algunas entrevistas rescatan el hecho de que el libro no tiene una moraleja, la intención que vos tenías era que no la tuviera?

PP: No, no, no me gusta la moraleja. Digamos, para la moraleja está la fábula, la alegoría, son otros géneros. Y es muy difícil no bajar línea y eso es lo que –también lo dijo Chéjov, hay unas cartitas que yo uso cuando doy el curso que le escribía a un conocido-: si yo escribo sobre los ladrones de caballos no puedo ponerme a juzgar si es bueno o malo robar caballos, tengo que meterme en el mundo de esos ladrones de caballos y meterme en su vida y ver por qué roban caballos. Y la moraleja a mí me parece que da un resultado que no es el que yo busco, no sería una novela... tampoco digo autoayuda, en Un año sin amor meto algunas cositas que parecen de autoayuda, pero no sé, moraleja no. Era muy difícil porque yo podría haberme juzgado a mí todo el tiempo, entonces sacar eso que puede ser la autocompasión, el lugar del lamento, de la queja, de juzgarse, de juzgar a los demás, igual siempre aparece, pero más en el lugar de una crítica. Contar, contar sin juzgar.
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2 comentarios:

  1. Interesante entrevista a un escritor que se permite mostrar con sinceridad algunas zonas vulnerable (no es mucho lo que léi, no sabía si publicar o no) y que las transforma en herramienta de creación y docencia. Celebro la primera persona, es un gesto de honestidad brutal decir "soy el personaje siempre" y seguir apostando. Cuando vi la película tuve ganas de acompañar al protanista, me inspiró ternura, no me pareció una simple crónica del HIV o del sadomasoquismo. Lamento no conseguir el libro.

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    1. El libro fue reeditado en e-book en: Amazon o en (más barato) www.casadellibro.com

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SUDOR DE TINTA

Revista cuatrimestral de literatura argentina contemporánea.

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