ISRAFEL, de Abelardo Castillo

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Por Silvio C. Lizárraga

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Volver a leer Israfel

Este gran drama moderno de Abelardo Castillo quedará en un lugar privilegiado en las Letras nacionales. Su lúcida escritura construye un Edgar Poe humano, inteligente, perturbado y querible; simplemente como lector (espero que Israfel pronto se vuelva a representar en alguna sala) uno no puede dejar de sentir simpatía por esa figura de poeta maldito.

Vale decir, como bien lo aclara Castillo en el posfacio, que no se trata de una biografía teatral, sino que se trata de una creación literaria de un Poe “esencial”, todo el drama es un sueño de Castillo y nosotros somos testigos de ese sueño que se parece a una pesadilla.

El drama está estructurado en cuatro acto, pero, como reza el subtitulo de la obra, debería decir que es un obra desarrollada en dos actos y dos tabernas. La acción comienza en una taberna en Richmond en 1835 y termina simétricamente en una taberna en Baltimore en 1849. El trayecto del personaje de Castillo es vertiginoso. Edgar es un genio que necesita expresarse, que necesita reconocimiento, que necesita todo el dinero que pueda conseguir con su genialidad. Pero no tiene nada de eso, lo único que consigue es colaborar en una revista regularmente a cambio de un dólar y medio. Con eso no puede vivir ni pensar en vivir junto a Virginia Clemm, su prima, la mujer que ama. No tiene un trabajo como el resto de los vulgares hombres de la multitud pueden conseguir, su tarea es más compleja, su tarea es la poesía, la literatura. Pero el camino es difícil, demasiado. En un país asquerosamente materialista los productos del espíritu son menos que nada. El editor de la revista lo explota, con Berenice consigue algo semejante al éxito, pero no hay dinero. La pobreza parece ser el destino de la genialidad. La frustración incrementa la debilidad de Edgard por el alcohol y luego por el opio. La autodestrucción parece ser una alternativa válida para el genio invisible. En la obra el alcohol representa muchas cosas: es un refugio, una enfermedad, un licor del olvido, una fuga de la realidad innegable, nadie se interesa la genialidad de Poe.

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Voluntad y demonios

Tal vez lo que con más persistencia queda en mi memoria es la fuerza de voluntad de Poe. Parece una contradicción si consideramos su problema con el alcohol y el opio. Pero me refiero a su voluntad de ser escritor, de imponer su genio sobre los demás, de interpolar sus pesadillas a nuestras vidas, de no dejar de escribir nunca. Esa voluntad literaria, poética si se quiere, es la esencia del Poe que crea Castillo. Ni la pobreza, ni los trabajos mal pagos, ni la muerte de los seres amados doblegan ese espíritu de creación literaria. De hecho, Poe construye su literatura transformando los amargos materiales de la vida cotidiana en algo más, en otra cosa, en arte.

Para Poe se convierte en una obsesión crear una revista literaria para publicar los trabajos de todos los poetas famélicos del país, pagándoles increíbles sumas por sus participaciones; la revista sería una herramienta de difusión de los talentos desperdigados por la nación, pero sería también una herramienta de justicia, ya que todo aquel que tuviera talento encontraría su lugar en la revista, y se le pagaría acorde a su valor. Nunca más habría un poeta explotado, una imaginación ignorada, un narrador sin voz.

Pero el proyecto de la revista nunca llega a concretarse y los sueños de Poe se sumergen en el alcohol. El hombre cae empujado por los demonios de su interior al infierno que él mismo construyó para sí.


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La voz del más allá

Poe le habló a toda una generación de escritores, tal vez el primero que oyó su voz fue Baudelaire. Si la obra de Castillo es memorable en gran parte se debe a que logró recuperar el eco de esa voz. ¿Qué nos dice Poe (a través de la escritura de Castillo) en Israfel? ¿Qué nos dice a nosotros, hoy? La voluntad, las debilidades, los sueños y las pesadillas habitan en nosotros, son las variables que condicionan nuestros actos. El drama de Castillo es directo, sólo al final el simbolismo se hace presente. El Poe que nos ofrece es tan humano que es fácil sentir que podría ser alguno de nuestros amigos, o incluso, uno mismo. Para todos aquellos que escribimos, que hacemos nuestra parte en la literatura nacional, para los que nunca publicamos, para los que no encontramos espacios de expresión, resulta muy fácil identificarse con la figura de Poe que el drama construye. En general, la figura del poeta maldito resulta atrayente y fascinante. Pero creo que la voz de Poe nos dice desde la profundidad de la obra que no hay que quedarse con esa imagen, con esa pose. Toda la fuerza que el personaje emplea para imponer su talento literario no debe ser olvidada. En cierto sentido, el drama de Castillo es la descripción de una lucha, la lucha de Poe por salir de la oscuridad. Ese es el eco que llega hasta nosotros, el eco de una lucha librada hace mucho tiempo, en otro país, pero que nos habla directo a nosotros.


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Abelardo Castillo nació en San Pedro, provincia de Buenos Aires, en 1935. Ha escrito novelas, cuentos, ensayos, dramas y poesía. Fundador de las revistas literarias El Grillo de Papel, El escarabajo de oro y El ornitorrinco. Entre sus libros más importantes encontramos: Las otras puertas, Cuentos Crueles, Israfel, El que tiene sed y Ser escritor.



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3 comentarios:

  1. "...descripción de una lucha..." buen toque kafkiano

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  2. "...¿Qué nos dice a nosotros, hoy? La voluntad, las debilidades, los sueños y las pesadillas habitan en nosotros, son las variables que condicionan nuestros actos..."
    Increíble...acabo de leer los últimos renglones de esta obra maestra y encontrarme con esta página es todo un hallazgo...los felicito chicos!!Sigan asi!

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