EL ÚLTIMO CASO DE RODOLFO WALSH, de Elsa Drucaroff

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Por Sabrina González



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LA LITERATURA Y EL DERECHO A LA VERDAD

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El último caso de Rodolfo Walsh narra la historia imaginaria de la investigación que el autor de Operación Masacre podría haber iniciado para averiguar el destino de su hija, luego de un enfrentamiento entre Montoneros y las fuerzas armadas. Esa es la historia, o mejor dicho, esa promete ser la historia: “una trama de acción, espionaje y suspenso”. Sin embargo, la novela avanza mucho más lejos, y sobre todo, mucho más alto.

Voy a ser clara desde el comienzo: mi único objetivo para escribir este artículo es recomendar una novela que ha dejado en mí una profunda marca. Creo que es una excelente novela; y lo creo por algunas razones que podrían explicarse desde lo literario-racional, pero sobre todo lo creo por motivos de los cuales no tengo más noticias que la inconfundible e inexplicable certeza interna.

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El todo como la suma de sus partes
El género ficción histórica ha producido siempre en mí cierta confusión. Supongo que la oposición ficción – verdad todavía reina desde su lugar más oculto. Siempre sentí, en lo más profundo, que tales conceptos solo aparentaban entrar en relación, pero que, en realidad, uno de ellos ya había ganado la batalla hace tiempo, aunque aún no se erigiera vencedor. La literatura, triunfadora agazapada, tomando como excusa, haciendo uso, usufructuando casi, los avatares de la historia para generar allí lo que mejor sabe hacer: inventar.

La realidad es que el último libro de Drucaroff ha, de alguna manera, confirmado esta sospecha, pero con una vuelta de tuerca inesperada para mí. La novela toma como punto de partida un hecho real, que no es precisamente la muerte de Vicki, la hija de Walsh, sino la célebre Carta a mis amigos, que el escritor diera conocer poco tiempo después del fallecimiento de su hija. Allí, Walsh describe, (con bastante detalle, por cierto) los acontecimientos que le costaron la vida a su hija. Además de ser, por supuesto, una denuncia contra el operar de las fuerzas armadas argentinas, y un llamado a la lucha por la libertad; Carta a mis amigos es una carta de amor fraternal, es el lugar donde Walsh recuerda a su hija, su risa, su conciencia, su lucha, y agradece a sus amigos su preocupación y dolor. Es su puente con la realidad.

Drucaroff parte de allí para imaginar su relato, como ella misma nos confiesa en el postfacio del libro: “¿y si ese padre militante que acudía a la escritura para informar “a sus amigos” y, a través de ellos, a una posteridad de la que yo formo parte como lectora, hubiera hecho una investigación también ante la muerte de su hija? (…) ¿Y si debajo de esa carta subyaciera un relato extenso, doloroso, apasionante, que la historia en tanto verdad no podría nunca demostrar, pero al que la literatura, reino de la libertad y la imaginación, puede rendir justo homenaje?”

Justo y valeroso homenaje; y ese es el punto precisamente donde la literatura completa la historia, no la usa ya, no se aprovecha de ella, sino que la nutre. La literatura ve allí, muestra allí donde solo ella puede hacerlo. No importa cuánto y qué medida eso se corresponda con la realidad objetiva (si es que tal noción puede ser pensada aún desde algún lugar), sino que nos abre la puerta a un mundo que es ficcional pero que no es el al mismo tiempo. Lo es pero podría no serlo, lo es pero podría no haberlo sido. De hecho, solo suponemos que efectivamente la investigación que encara Walsh sobre la muerte de Vicki es ficcional porque carecemos de los datos “certeros” de la realidad para confirmarlo, sin embargo, eso no importa. No importa mientras se transita la novela y mucho menos ahora. No importa porque lo que nos narra El último caso de Rodolfo Walsh va mucho más allá de la historia concreta y personal del escritor de Esa mujer.

Nos permite caminar junto a personajes sumamente complejos como el coronel Konig, un oficial retirado que debe involucrarse con la realidad a partir de la inminente captura de su hija en manos de los militares, a Martín, el compañero infiltrado como chofer del general Oddone; a Aldo, el gran traidor; incluso podemos acceder a un Walsh sumamente crítico de la organización montonera.

Pero más allá de que todas estas construcciones colmen la obra de un aroma a literatura que no puede dejar de percibirse, lo más profundamente transformador de la novela es la literatura la que modifica la historia, y es esa la parte que nunca había visto en mi postura inicial. Es una novela profundamente conmovedora, no emotiva, ni sentimental, sino conmovedora, y lo es porque logra reunir dos ámbitos de una manera única. Toma la historia como punto de partida pero también como punto de llegada. No se queda solo con “inventar” una historia posible, va en busca, grita por su lugar en el mundo literario y en el mundo real.

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-Drucaroff, Elsa, El último caso de Rodolfo Walsh, Buenos Aires, Norma, 2010.
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- Leer la «Carta a mis amigos» de Rodolfo Walsh (aquí).
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Elsa Drucaroff
es escritora, ensayista, periodista, investigadora y docente. Publicó las novelas La patria de las mujeres. Una historia de espías en la Salta de Güemes (1999), Conspiración contra Güemes. Una historia de bandidos, patriotas, traidores (2002), El infierno prometido. Una prostituta de la Zwi Migdal (2006) y El último caso de Rodolfo Walsh (2010). Publicó numerosos artículos especializados en revistas académicas nacionales y extranjeras y dos ensayos: Mijaíl Bajtín, la guerra de las culturas (1995) y Arlt profeta del miedo (1998). Dirigió La narración gana la partida, el volumen 11 de la Historia crítica de la literatura argentina (2000), que supervisa Noé Jitrik. Dicta seminarios de literatura y teoría literaria en el ISP Joaquín V. González, de donde egresó, y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Colaboró en diferentes medios masivos como periodista cultural. Actualemente trabaja en un ensayo sobre narrativa argentina de las generaciones de postdictadura.

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Revista cuatrimestral de literatura argentina contemporánea.

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