UNAS POLILLAS, de Pedro Lipcovich

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Por Silvio C. Lizárraga


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LA DUDA
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Las lecturas de superficie

El libro de Lipcovich Unas Polillas ha despertado cierta curiosidad entre los lectores. Dado que se trata de un libro de cuentos premiado, había que decir algo sobre él y las personas que hablaron arribaron involuntariamente a la misma conclusión: el texto es Kafkiano. Aseverar semejante cosa parece satisfacerlos. En la revista Perfil, por ejemplo, Beatriz Sarlo dice:

“Kafka enseña a escribir la amenaza ciega, representada por un peligro que no llega a conocerse nunca del todo (…) y, al revés, toda ficción surge de una rebelión sin destino o de una obediencia que no conmueve ni a la Ley ni al Padre ni a la burocracia del Castillo. Los dos relatos finales de Lipcovich son kafkianos en el sentido que se dijo más arriba.”

Ese es el centro del artículo de Sarlo, simplemente señalar que los relatos son kafkianos. Pero no es la única. También lo hace Marcos Herrera en Radar Libros:

“Cinco relatos muy distintos entre sí que sin embargo tienen algunas marcas en común. Una de ellas es el poder. En todas las historias narradas aquí el poder y sus circulaciones ordena las causas de los personajes, determina sus destinos. En este sentido, puede decirse que Lipcovich ha leído muy bien a Kafka.”

El kafkianismo de Lipcovich se vuelve cliché cuando Walter Cassara, en el suplemento cultural de La Nación, repite el concepto (ya que a esta altura no alcanza la categoría de idea):

“…el autor escribe en un registro llano e impersonal, con una marcada predilección por las formas alegóricas del relato y con un vocabulario deliberadamente gris y contenido, que evidencia una fuerte impronta kafkiana.”

Vale decir que no me disgusta ni me asombra el señalamiento de huellas o influencias literarias en los textos, lo que me ocasiona cierta perplejidad es que se crea que ese ejercicio es algún tipo de “crítica literaria inteligente”.

Las lecturas del texto a partir de Kafka simulan un gesto de erudición, que puede interpretarse como pedante ya que no demuestra la inteligencia de un texto sino que pretende demostrar la cantidad de libros que el lector ha frecuentado; equivale a decir “Este texto es valioso porque en él puedo rastrear las huella de otro escritor más prestigioso”. Esta postura no explica las razones por qué el texto es valioso. Señalar filiaciones literarias es una tarea pereza intelectual que surge seguramente del apremio con el que deben ser escritas ese tipo reseñas críticas, es un trabajo sencillo y superficial que no revela nada, es un artificio que el lector desprevenido puede entender como “agudeza intelectual”, cuando claramente es un mero ejercicio de asociación libre.

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El mejor de todos

Voy a ocuparme de mejor cuento del libro: El castigo. Voy a resumir su argumento: un niño regresa a su casa sabiendo que ha cometido una falta. Al ver a sus padres, se sabe castigado. No le hablan, lo ignoran durante la cena, de hecho, no hay un plato para él en la mesa. El chico se va a su habitación en silencio, sin comer. Pero lo que intriga en la narración es lo que dicen los padres. De sus palabras entendemos que el niño ha muerto ahogado.

El chico asiste desde ese momento a una confabulación de magnitud desmedida que involucra a la familia, a los vecinos, a los compañeros de clase, a todo el mundo que conoce; todos lo ignoran, todos le aplican el castigo, lo han dado por muerto. El chico presencia su propio velatorio, las lágrimas de su madre, el llanto de la hermana y la cara austera del padre.

En la casa nada ha cambiado. El chico trata de no hacer ruidos, de no romper ese silencio atroz que es el deliberado castigo de sus padres. El aburrimiento lo obliga a recluirse en su cuarto –que su madre se encarga de limpiar cada mes- y allí hojea revistas viejas. El niño suele ver la tristeza de la madre y entiende que la severidad del castigo no proviene de ella sino del padre. El rigor del castigo enciende el odio.

Los años pasan tediosamente. La hermana se casa, tiene un hijo y eso parece restituir la felicidad en la casa. El bebe es el único que no se ha complotado con el resto, es el único que lo reconoce, que lo mira. Entonces el castigado –que ha dejado de ser un niño- viola su penalidad: carga al bebe en brazos. Todos miran con asombro y horror el hecho. La hermana toma al bebe en brazos y lo rescata. Pero ni siquiera esa abrupta deformación de la realidad logra que los padres le dirijan la voz al castigado, lo miran horrorizados por última vez y vuelven a ignorarlo, vuelven a aplicarle la pena.

El odiado padre muere y es entonces cuando el castigado atesora alguna esperanza de ver cumplido y finalizado su castigo. Pero cuando la madre vuelve del cementerio nada cambia, el silencio persiste.

Hijo y madre viven juntos un tiempo de suma tristeza. La madre frecuentemente va a la habitación del niño, se sienta en la cama y observa las revistas que han quedado en el piso y que ella meticulosamente ha dejado inalterables, como si esperara el regreso del hijo para que las ordenara.

A esta patética imagen se suma la dolorosa muerte de la madre. El castigado queda solo en la casa. No sabe qué hacer. Rápidamente la hermana vende el inmueble. El castigado ya no tiene lugar donde vivir. Decide una mañana ir a su antigua escuela con el deseo de ver a sus compañeros. Entra y se dirige a una oficina. Allí lo atiende una empleada que estaba ocupada con unos papeles. El castigado dice que se quiere anotar para terminar sus estudios. La empleada con alegría y entusiasmo lo felicita por esa determinación. En ese momento entra la vieja directora a la oficina y reconoce al castigado. Con cara de horror y severidad le dice algo al oído a la empleada. El semblante de la muchacha cambia, vuelve a sus papeles, vuelve a su silencio. El castigo no ha terminado.

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La duda

Ninguno de los que se ocuparon de decir algo sobre Unas Polillas se detuvo suficientemente en este cuento antológico que mi anterior resumen no podrá destruir. En el mejor de los casos reservan algún elogio. Yo creo que El castigo es el mejor del volumen, a pesar del académico entusiasmo que pueda despertar redaliz o Relato del lirio o La gris. Tal vez no sea coincidencia que estos textos -construidos a partir del fragmento- sean festejados y que El castigo y Clase magistral –relatos de sugerida sencillez, breves y no fragmentarios- sean casi ignorados. Tal vez la sencillez sea demasiado poco to our beautiful minds.

Gran parte del acierto del autor en El castigo es convertir una certidumbre en duda. Se dice que el niño es castigado y que el castigo es simular que ha dejado de existir. Esta es la certidumbre. La duda comienza a surgir debido a la prolongación del castigo, a su inflexible duración. Entonces, el texto nos hace pensar de la manera más eficaz que el niño de veras ha muerto: sugiriéndolo. Los sugiere en las lágrimas de la madre, en las actitudes de la hermana, en la pesadumbre del padre. De modo que si el niño ha muerto, la presencia en la casa es la de un fantasma. El autor no comete el error de afirmarlo, tampoco lo niega. Se limita a narrar la perspectiva del niño.

Pero lo mejor está en el final del relato. La última escena esta destinada a revelar todas las dudas. Seguramente el autor se habrá planteado qué sería lo más eficaz en la resolución de cuento. Un novato hubiera optado por la solución “fantasmal” (el castigado es un espectro que nadie ve ni siquiera la secretaria del colegio). Un escritor con oficio –y sin dudas Lipcovich lo es-, sabe que más atroz que un fantasma es la crueldad de un castigo del que no se puede huir.


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El dispositivo literario

El artificio utilizado por el autor es el siguiente: llevar hasta las últimas consecuencias una determinación que una vez tomada no se puede abandonar, ni reemplazar, ni abolir. Esta determinación crea una realidad paralela que se sostiene sobre su propia lógica. Todo se reduce al cumplimiento efectivo y sin misericordia del castigo.

El efecto literario es semejante a una colisión, ya que enfrenta dos versiones de la realidad: la previa al castigo (que puede ser considerada normal y que es semejante a la realidad del lector) y la que surge con el castigo (que puede ser considerada anómala).

Los personajes, asimismo, están atrapados dentro de la lógica del castigo ya que son los encargados de su cumplimiento. Son absorbidos por la lógica implacable de la pena y no pueden elegir no efectivizarla, así como el castigado no puede eludir su condena.

De modo que existen dos esferas que convergen en un mismo espacio. De esa conjunción que colisiona frente a los ojos del lector surge una atmosfera de extraño horror que atrae hasta el final. El texto nos enfrenta con la irracionalidad detrás de la lógica perfecta de las leyes, los axiomas y los decretos.


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- Lipcovich, Pedro, Unas polillas, Buenos Aires, El cuenco de plata, 2009.


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Pedro Lipcovich
(Buenos Aires, 1950). Libros publicados: El nombre verdadero (1989), Muñecos chicos (El cuenco de plata, 2005). Unas polillas obtuvo el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes 2009. redaliz (incluido en este volumen) recibió el Premio Internacional de Cuento “Juan Rulfo”, otorgado por el Centro Cultural de México en París y Radio Francia Internacional.



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