UN AÑO SIN AMOR, de Pablo Pérez

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Por Deborah Behar



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- Como un “lion en cage”

La imagen del “lion en cage” es por excelencia la imagen del libro. En oposición a esta pesadilla del encierro se encuentra la escritura.

Escribir un diario es liberarse, pero no espacialmente como podría sugerirlo la imagen del león enjaulado cuando, al abrirse una puerta, consigue su libertad.

No, esta imagen en el libro de Pablo Pérez no refiere a prisión espacial, ya que el protagonista del diario recorre la ciudad de una punta a la otra. Una y otra vez. Si hay una constante en el relato es la del movimiento.

Entonces la prisión –dice el narrador– es la del propio cuerpo, la de sí mismo. De las dudas y los miedos, las ansias y el caos que genera la incertidumbre acerca del futuro.

Escribir se convierte en algo liberador y pareciera colaborar con el establecimiento de un orden. Un orden en las costumbres y también en el interior de sí.

La escritura como consecuencia viene a formar un otro que es quien escribe, que se escribe a sí mismo, para generar una distancia y una puerta.


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- Que el cuerpo estalle

La combustión es uno de los motores del texto, pero funciona por la negativa. El narrador escribe para no arder, para contener sus impulsos.

El título propone un oxímoron en sí mismo. Si escribir funciona como prórroga[1], en el mismo espacio del texto aparece tematizado aquello que puede ir contra la vida. La enfermedad como tema de relato es el leit–motif y la musa.


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- El recorrido en la ciudad

Hospitales y posibles historias de amor y de sexo. Esa es en esencia la ciudad que traza el diario de Pablo Pérez, sólo liminarmente aparecen otros espacios representados.

Scherezade sí[2], pero también Ginsberg y Burroughs; Buenos Aires sí, pero también París y San Francisco. Un diario sin amor de Pablo Pérez se inserta y continúa esta tradición cosmopolita de experimentación y desborde.

En el recorte de la ciudad que hace el narrador se dejarían ver las dos preguntas y fascinaciones del autor: el amor y la muerte.


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- Eros y Tánatos

Desde el título aparecen los dos temas que envuelven el texto y lo atraviesan de modo casi fantasmático. Amar y morir, los dos miedos y las dos fascinaciones pendulan en juegos de unión y distancia, una y otra vez, imprimiendo al texto un tono y una vacilación que es el canal por donde el deseo pasa y encuentra su sentido.

Entre estos dos polos se mueve la escritura y los une en las fantasías posibles, en las que más de una vez el amor y la muerte forman parte de la misma.


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- El amor y la escritura

Pero que ninguna de estas posibilidades se concrete es la condición para que la escritura del diario sea posible. Con la llegada del amor o de la muerte se acaba la escritura y en este sentido que el narrador continúe escribiendo garantiza.


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- Escribir y ordenar

Pareciera que escribir acomoda un poco el mundo desordenado y abarrotado de citas con médicos y amantes. Así, el texto es una disciplina en múltiples sentidos. Por un lado, es registro de la conducta del cuerpo. El narrador escribe lo que le pasa a ese cuerpo que lo tiene preso y que aparece casi ajeno a sus decisiones.

Por otro lado, disciplinarse para escribir funciona como la posibilidad de abarcar nuevamente la vida. Desde esta óptica escribir es un testimonio y a la vez no sólo eso. El diario juega con las mismas cartas que la enfermedad crónica, porque a través de esta disciplina se propone a la escritura como crónica también. El diario funciona como contrapropuesta.


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- La peli

La película homónima sale en septiembre de 2004. Es una adaptación del libro y recrea centralmente una sola historia de amor, que no llega a ser[3]. Desde mi punto de vista, se trata de un personaje completamente diferente. El tono, en el libro, reside en el contrapunto entre el dramatismo de la situación y el sentido del humor que le imprime el narrador.

Esta mediación resalta lo específico de la personalidad del autor; en la película en cambio desaparece, presumiblemente, la marca de escritura, es decir, la unión entre autor y obra generando una separación entre obra y personaje. Lejos de ser algo negativo, considero que es una muestra de lo productivo que resultó el material elegido.

Otra diferencia. En la película vemos a un Pablo Pérez que va a las Editoriales para gestionar la publicación de sus escritos. Tematizar la producción del libro, no solamente desde su costado íntimo –es decir desde el diario–, sino enfocando también el proceso que lleva a la publicación completa al libro sin reformularlo.


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[1] Veáse el prólogo de Roberto Jacoby en Pérez, Pablo, Un año sin amor. Diario del Sida, Buenos Aires, Perfil, 1998.
[2] Ibid.
[3] Ver entrevista a Pablo Pérez en este mismo número (aquí).



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- Pérez, Pablo, Un año sin amor. Diario del Sida, Buenos Aires, Perfil, 1998.


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Pablo Pérez
es escritor y traductor de francés. Publicó, entre otros títulos, la novela Un año sin amor y su adaptación cinematográfica, dirigida por Anahí Berneri (BD cine). Trabajó como asesor literario para la editorial EMECÉ. Dicta cursos en el Centro Cultural Ricardo Rojas desde el año 2001 y escribe colaboraciones para el diario Página 12.

FOTO: Sebastián Freire (www.sebastianfreire.com.ar)
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